Historia

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VALDEFUENTES (VALLIS FONTIUM)
 

Texto basado en la obra de Juan Solano

"HISTORIA DEL SEÑORÍO DE VALDEFUENTES"

Valdefuentes; la histórica Villa y Señorío, se alza en pleno corazón geográfico de la comarca, al lado del cruce de caminos que une en la equidistancia Cáceres, Trujillo, Miajadas, Medellín y Mérida, lugares todos ellos cargados de la historia y el simbolismo que perfilan nuestra cultura e identidad extremeña. Tiene una extensión de 26,91 Km2 y una población de 1.600 habitantes.

No es fácil determinar, tal como admite Juan Solano en su libro - al que forzosamente hemos de remitirnos como fuente documental -, desde qué remota antigüedad hay vestigios de vida humana en este lugar. Sin embargo, diversos hallazgos, tales como hachas de sílex y utensilios propios de la edad de piedra, hacen pensar que pudo existir en un lugar muy próximo al actual emplazamiento del pueblo, algún grupo humano primitivo asentado permanentemente y con un modo de vida organizado.

No obstante, esta posible habitabilidad humana no puede reducirse a un espacio de terreno, aislándolo de su entorno, sino que deben extenderse sus límites hacia las tierras periféricas y zonas limítrofes, porque en su conjunto, se dan huellas coincidentes del mismo origen. Así, diversos elementos hallados propios del neolítico, se confirman a su vez con hallazgos de la misma naturaleza en otros pueblos comarcanos, como Benquerencia, Montánchez o Botija (castro de Villasviejas del Tamuja), lo que pone de relieve la existencia de núcleos prehistóricos en lugares de la misma zona, como parte de un conjunto de población más amplio y con características comunes de actividad y manifestación humanas.

La invasión romana, so pretexto de prestar ayuda a la ciudad ibérica de Sagunto, sitiada por los cartagineses, desencadena una serie de consecuencias que habrán de determinar marcadamente el hilo posterior de la historia.

En el año 25 a.C., a raíz de la toma de Lancia (cerca de León) por los romanos, se produce un hecho trascendental; Augusto decide licenciar a los soldados veteranos "emeriti" de la V Legión Alaude, dando orden a su legado Carisio de fundar una colonia que se llamaría Emérita Augusta. Lo que comenzó siendo un campamento militar, fue desarrollándose rápidamente hasta convertirse en una de las ciudades más importantes del mundo de aquella época, llegando a competir en riqueza, belleza y población con la propia Roma.

Entre las importantes familias asentadas en este enclave, destacaron los Norbanos, procedentes de la ciudad romana de Norba, quienes hacia el 50 d.C. fundaron la colonia Norbensis, puesta bajo el patronato de un militar: Lucio Cornelio Balbo, que la rebautizaría posteriormente con el nombre de Caesarian, en honor de Cesar, por quien los Balbo sentían una gran devoción.

Los Norbanos irradiaron hacia las tierras más prósperas, situadas en el triángulo que hoy conforman Cáceres-Trujillo-Montánchez, extendiéndose hacia el sur por los márgenes del río Salor hacia el Vallis Fontium, lugar en que tiene su nacimiento. Así parecen acreditarlo las muchas estelas funerarias de Norbanos, entre otros restos, descubiertos en los términos de ese Vallis Fontium o lugar de Valdefuentes, que se han conservado hasta nuestros días.

Tras la invasión de los Bárbaros, cuando la monarquía visigoda se consolida, Mérida siguió conservando su prestigio y rango de capital de la Lusitania, manteniendo de esta forma su influencia en el desarrollo de las tierras próximas, cuya organización y estructura no sufrió grandes cambios con respecto a la heredada de los romanos. Si bien existen pruebas de la presencia y asentamiento de los visigodos en la zona de Montánchez y Alcuéscar, éstas parecen haberse diluido en lo que se refiere al Vallis Fontium romano, pese a la proximidad espacial de los respectivos núcleos de población.

Sí se conservan sin embargo algunos vestigios que prueban el posterior asentamiento musulmán como núcleo de población. Se trata del barrio conocido como Gurumeña, el más antiguo de Valdefuentes; una reducida agrupación de casas cuya estructura urbana se corresponde con las características que son comunes a los asentamientos hispano-musulmanes, de trazados estrechos y tortuosos, callejones sin salida, calles encubiertas y pequeñas plazuelas; éste sería el núcleo primitivo, que más tarde iría ampliándose tras la reconquista, al conseguir D. Álvaro de Sande el título de Villa para su Señorío, y posteriormente, al fundar su bisnieta, Ana de Sande, el Convento de Agustinas Descalzas, en torno al cual surgen otros grupos de viviendas.

Desmembrado de la Orden de Santiago e incorporado a la corona en virtud de Bulas del papa Clemente VII y sus sucesores, el lugar de Valdefuentes terminó siendo vendido por la misma corona a D. Álvaro de Sande y su esposa Dña. Ana de Guzmán, predecesores de los Duques de Abrantes, según escritura fechada en Valladolid el 11 de Julio de 1.558 - tal como lo recoge J. Solano -, convirtiéndose así en el I Señor de Valdefuentes.

Era este Sande y Golfín de Paredes (1.512-1.573) descendiente de una noble familia oriunda de Galicia y afincada en Cáceres, un destacado paladín al servicio del emperador Carlos V y posteriormente de FelipeII. Mas a pesar de sus muchos merecimientos, adquiridos a lo largo de una vida militar llena de hazañas épicas y audacias reconocidas por el propio rey, resultó poco favorecido en cuanto a títulos nobiliarios concedidos por la corona. No fue sino hasta muy próxima su muerte, cuando Felipe II le otorga el título de Marqués de la Piovera (1.573), que pasó a su hijo Rodrigo y de éste a su hijo Álvaro de Sande y Enríquez, quien lo usó hasta que fue sustituido por el de Marqués de Valdefuentes por Felipe III en 1.616.

Posteriormente este título se une al de la Casa de Abrantes, merced al matrimonio de Ana de Sande con Alfonso de Lancáster, permaneciendo ambos en las ramas sucesorias hasta la IX generación en que se produce un reparto de los mismos en el testamento de sucesión de D. Ángel María Carvajal y Téllez Girón, IX Marqués de Abrantes-Valdefuentes.

El legado arquitectónico de los Sande-Abrantes constituye un conjunto monumental de gran valor artístico, en el que destacan principalmente:

El Palacio: preside la plaza, fue vendido en 1.926por el Marqués de Valdefuentes a particulares, prácticamente irreconocible por las obras que cegaron sus arcos de medio punto, cabe destacar su riqueza heráldica que se manifiesta en una serie de escudos que adornan la fachada.

El Convento e Iglesia de San Agustín: elconventotambién conocido como "El Escorial Chico", fue construido a comienzos del siglo XVII; aunque la fachada de éste está totalmente transformada, la de la iglesia se conserva intacta; es de estilo neoclásico con una conjunción de una hermosa sencillez, lo más destacado artísticamente es la portada, formada por un arco de medio punto que descansa sobre impostas, bajo las cuales corre el muro desnudo hasta el umbral. Sobre el arco se levanta un entablamiento y por encima de éste se abre una hornacina en la que va colocada una imagen de S. Agustín delante de una venera maravillosamente labrada. La iglesia es un edificio de nave única de dos tramos: crucero y presbiterio recto. El templo posee retablo mayor del siglo XVIII con tallas policromadas de la misma centuria, unido al costado de la epístola se encuentra el Claustro

La planta del edificio es de cruz latina, perfecta en sus proporciones y las estructuras murales son de piedra, que resplandece igualmente en la sillería de los arcos, en el pequeño zócalo que a ras de suelo recorre todo el bajo contorno.

Destacan en su interior:

La Pila del Agua Bendita: de granito duro ligeramente pulimentado, en forma de concha con estrías radiales de gran perfección. Del nacimiento de la charnela de la valva emerge la cabeza de un angelote románico con gorguera, sobresaliendo las muñecas y las manos. En la derecha porta un hisopo y en la izquierda una cruz.

El Retablo: de estilo barroco y gran riqueza ornamental, está enmarcado dentro de un gran arco de medio punto que desciende desde lo alto de la bóveda, descansando a través de un entablamiento sobre dos gruesas columnas laterales muy próximas a la pared. El sobredorado de las maderas está realizado con auténtico pan de oro que, en algunas partes, conserva su primitivo brillo y esplendor.

El Panteón Marquesal: situado detrás del retablo del Altar Mayor con puerta de acceso que corta el zócalo por el lado del Evangelio, está en la línea de un neoclásico sobrio, en consonancia con las demás partes de cantería del templo. Es de planta octogonal con bóveda circular, de fina piedra labrada hasta la altura de unos dos tercios del muro, con algún sencillo resalte geométrico que anima su severidad.

El Claustro: recientemente restaurado, se trata de una verdadera joya del arte de la cantería. Las arcadas, en buen estado de conservación, van unidas por altas balaustradas, alternándose en dos formas distintas de su labra. Proporcionado y majestuoso dentro de su estilo recoleto, estaba adornado por finos y bellos esgrafiados que se conservaron en parte, gracias a lo cual fue posible su restauración. Tan bien realizada se hizo esta obra que sus constructores, previniendo posibles riesgos de inundación (dado que en él vierten sus aguas gran número de tejados), construyeron un aljibe que aún puede verse en el centro del jardín.

El Rollo: se encuentra en el centro de la plaza (desplazado en 1.968 de su primitivo lugar), monumento de piedra que data de 1.565, señalado como ejecutoria y signo de jurisdicción civil y penal del Señorío, siendo su finalidad indicar la autonomía en materia de justicia de una población con categoría de villa o ciudad. Está compuesto por un grueso pilar cilíndrico de fino granito, con estrías de desigual relieve y descansa sobre un basamento de tres gradas circulares. Por encima del campo estriado sobresalen tres escarpias que representan tres cabezas de león insertas en un tambor que lo remata a modo de capitel. Sobre la plataforma de esta última pieza se levanta un tronco de pirámide triangular y en la picota un búho representaba la vigilancia, aun en la oscuridad, y la muerte. Este búho fue sustituido recientemente por un ángel.

La Iglesia de Bienvenida: se encuentra rodeada por el barrio de Gurumeña, núcleo primitivo de población; si bien el documento parroquial más antiguo data de 1.583, no existe consenso en cuanto a la fecha de su construcción, que se cree fue anterior a ésta. De su conjunto arquitectónico es preciso destacar la que se considera la joya más preciada del templo: la bóveda del baptisterio, que va en la planta baja de la torre. Es una maravilla realizada en piedra, de estilo de la época de transición del románico al gótico: el llamado cisterciense. Su armoniosa estructura forma una estrella de cuatro puntas, componiéndose cada una de ellas de tres nervaduras que descansan en los ángulos de las rinconadas, terminando en un apéndice de remate adornado con motivos frutales. La pieza central de la estrella es una clave circular de la que parten ocho radios con una subclave cada uno. Todos los elementos convergen en esa gran clave central, formando una serie de arcos apuntados, colgando todo el conjunto a un tercio de la altura de la bóveda, que es una de las características más peculiares del cisterciense.

Mención especial del interior de este templo, merecen igualmente:

El Camarín: pieza de planta rectangular con bóveda elíptica que se expande, formando una cúpula de regular altura con linterna ciega, descansando sobre una cornisa que, mediante pechinas, se resuelve apoyándose en los pilares de las rinconadas.

El Retablo del Altar Mayor: de estilo clásico, bien definido, entonado en claros y suaves colores. Un arco de medio punto, muy abierto, descansa sobre un entablamiento apoyado en cuatro gruesas columnas corintias de capiteles dorados; todo ello subordinado a la parte central del retablo, donde destaca un amplio ventanal arqueado, que hace bien visible el trono de la Virgen de Bienvenida, venerada por los vecinos como patrona de Valdefuentes.

Otros monumentos del patrimonio dignos de mención e interés artístico son los tres puentes romanos que rodean la localidad y la Antigua Audiencia

El pueblo actual, que creció desordenadamente en torno a las piedras de sus monumentos, guarda aún parte de ese aire añejo que irradian los mismos, contenido en sus calles angostas, salpicadas de placitas y casas solariegas de zaguán y bóveda cruzada, en las que se cura el queso,... la cecina. Aire que huele a humo y orégano en la matanza, a aceituna machá, al campo que se abre más allá de las fachadas encaladas perdiéndose entre olivares y encinas hasta confundirse en el horizonte, desde donde llegaron los pasos de sus primitivos fundadores en busca del "vallis fontium", aquel humilde riachuelo que desde entonces permanece unido a la historia de Valdefuentes.
 

EL ESGRAFIADO:

Valdefuentes es un pueblo de especial significado por sus esgrafiados. Sus calles están llenas de fachadas decoradas por esta técnica, encontrándose incluso en la fachada del Convento de los Agustinos Recoletos, de tal forma que se le considera auténtica "capital del esgrafiado"

El esgrafiado es una técnica de decoración de fachadas de influencia morisca que consiste en extender sobre la fachada que se pretende decorar, dos capas superpuestas de revoco de distinto color, compuesto por una mezcla de cal y arena. En la capa externa se dibuja el motivo ornamental deseado haciéndose desaparecer parte de esa capa externa allí donde sea preciso que aparezca el color del revoco colocado debajo. Mediante este procedimiento se consigue una decoración bicolor con temas más o menos geométricos repetidos de forma regular por toda la superficie.
Actualmente está pendiente de reconocimiento su consideración como Capital Regional del Esgrafiado.